domingo, abril 13, 2008

Hielo. Blanco azulado y resbaladizo.

Y seco. En bloque. Ni el dedo se humedece al rozarlo.

Un control no reclamado. O sí. Pero igualmente sorprendente.

Un revés en la escalera de opciones. Un giro en las percepciones. Que ya no.

Ahora ya no. Y el por qué, lo desconozco. Puede que algo de cansancio. O de sabiduría adquirida. Vete tú a saber lo que nos va cambiando.

Como si una lluvia de indiferencia hubiese caído sobre mí. Y me hubiese desnudado, sin prisa y sin pausa. Y ya no me importa ni el desnudo mientras ando por las calles.

Mientras otros ojos me miran. Mientras me hablan.

Es un despojo sentido. Que ni siquiera relativiza.

No me seduce nada. No me merece suficiente nada. Y, dentro de ese submundo hasta ahora tan crucial para mí, todo se desvanece fruto de una racionalidad y pasotismo aplastante.

No es huída. A esa ya la conozco. Es algo más intenso, menos complicado. Más sentido que pactado.

Quizás un sosiego merecido que pueda dar cabida, de nuevo, a un sentido ya olvidado. Por lejano y confuso. O quizás no y no importa.

Mi submundo en algo escogido y necesario. Quieto.

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